Noche eléctrica

Reflexiones, Relatos y cuentos

…De nuevo, la realidad distorsionada.

Una realidad pintada en colores eléctricos que se impregnan en la noche.

Luces brillantes.

¿Lo sientes?

Siente el roce de otras manos,

siente las yemas de unos dedos juguetones buscando derramar placer sobre ellos.

Y las luces parpadean en la oscuridad, nos atraen hacia ellas.

Bajo la luna, desnudos en el mar, mientras las sirenas gimen de placer.

Muerde el momento. Saborea la libertad.

Sonrisas,

caricias,

clímax.

Sonrisas,

besos,

éxtasis.

Sonrisas,

caricias,

Pura Energía.

Julio

Reflexiones, Uncategorized, viajes

No podía dejar de sonreír al sentir el mar bajo sus pies.

Pureza y belleza en perfecta sintonía.
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Jueves

Reflexiones, Relatos y cuentos, Uncategorized
-¿Nos conocemos?¿Hemos bailado juntos alguna vez?
-Más veces de las que te acuerdas.
Suena la música.
Llevo puesta la sonrisa de los jueves.

Jaque mate

Relatos y cuentos

-¿Te has preguntado lo que hay detrás de todo esto? Quizá no. Llega un momento en el que tienes que decidir qué hacer. Porque de eso se trata. Decidir, decidir y decidir. La vida es una constante y jodida decisión.

Y, bueno, si no quieres decidir otro lo hará por ti. Moverá pieza, una a una, hasta que no te quede ningún movimiento posible.

-Entonces, ¿jaque?

-Sí, he decido darte jaque. Pero no mate.

-Bésame.

 

Una mañana de primavera

Relatos y cuentos

¡Viva la primavera!

Que feliz soy con el pañuelo en la mano, no vaya a ser que empiece a moquear de nuevo. Sí, estoy acatarrada. Con este tiempo de locos cualquiera coge un resfriado y claro llega la típica pregunta:

-¿alergia?

No, ¡coño! ¿cómo no voy a coger un resfriado con el aire acondicionado en el bus? Pero dejarme situarlo; Sales de casa con el tiempo pegado al culo. En una mano la bolsa con el tupperware, la manzana, el sándwich para medio día, un par de “sobaos” para mojar en el té de las cuatro…vamos lo típico para pasar un día completo en la universidad.

En la otra mano, un pequeño maletín donde llevar el portátil. A la espalda, la mochila que pesa 300 kilos por culpa de los manuales fotocopiados que necesitas para estudiar (sí, y eso que los llevas a doble cara que si no…) Pero todo ello no quita valor a que te hayas peinado lo más dignamente que te permite tu pelo a lo seta a las siete de la mañana. Hace un día cojonudo y decides ponerte un vestido muy mono, muy vaporoso y fresquito y poner algo de dignidad a tu look “burro de carga”

¡Lista! empiezas el día con todo tu kit universitario.

¡Oh, mierda!

Tienes que dejar todo en el suelo, tartera incluida, porque el bonobús está en la cremallera interior de la mochila y tienes que tener todo preparado para llegar a tiempo. Primera parada técnica. Respira.

Tras la primera parada, viene la segunda en la que te paras en la calle para cruzar la carretera. Miras a todos los lados, rezando para que el bús llegue hoy cinco minutos tarde, o que no sea tan puntual como en los fines de semana en los que quemando pitillos, echas la tarde sentada, esperándole.

Pues no. El karma, dios, o alguien muy gracioso decide que el autobús va a llegar un minuto antes y ves como se acerca a la parada del autobús, mientras agarras con fuerza todo en las manos, incluido móvil y bono y comienzas tu carrera por pillar el autobús.

Primero atraviesas la carretera, esquivando los coches. El bus está cada vez más cerca y empiezas a ir más deprisa mientras piensas (“hoy toca clase con practica obligatoria, por cojones tengo que llegar”).

La mochila bota en tu espalda. El tapperware se destapa y el vestido súper mono y vaporoso decide hondear al viento a lo Marilyn Monroe y tus bragas de Hello kitty saludan a todo el que pasa.

Pero aún así, decides correr más rápido porque sabes que el conductor te va a ver por el retrovisor con la cara roja, asfixiada, corriendo despavorida y rezas por que sea un buen samaritano y se apiade de ti.

y por fin, pones un pie en el autobús, cual atleta de fondo que ha ganado el jodido primer puesto. No puedes dar las gracias, porque lo único que te salen son gemidos ahogados de tu poca falta de ejercicio y de mucho tabaco así que le agradeces con gestos al conductor que haya sido tan amable de esperar. Él conductor, si no es de esos que mueren de risa al verte desde la otra calle corriendo los 100 metros lisos, te asentirá con una sonrisa que te dice “no hay de qué”. Otras veces, simplemente te echan la mirada indignada de “Levántate antes, joder”.

Y cuando consigo un asiento al final del autobús, es cuando reflexiono. Base de maquillaje a la mierda, pelos de loca, sudorosa a no más poder…joder, es cierto, podía evitarme toda esa mierda, si total solo me ve el portero al salir de casa.

Y es el momento en el que el conductor pone el aire acondicionado a tope. Es en ese instante en el que me doy cuenta de que con todo lo que llevo no he cogido una chaquetilla…y encima empiezo a moquear….¡mierda!